jueves, 13 de enero de 2011

La primera vez siempre duele

Ayer comentaba por internet a mi enamorada que me encontraba ad portas de iniciar la escritura de un blog y que estaba pensando en todos los detalles del mismo: el título, los temas, los colores, las fuentes, etc. Le mencioné que tenía un grave problema: “No sé qué escribir en el primer post”. He allí que recordamos la libidinosa y pícara frase: “La primera vez siempre duele”. Y creo que es cierto. Muchos eventos duelen en la vida y en la sociedad. Duele cuando se observa a un padre, que ha perdido el empleo, preocupado porque no sabe qué comerán sus hijos. Existe dolor cuando una madre trae al mundo a su primogénito por medio de constantes dilataciones y lágrimas sin consuelo. El dolor se presenta cuando el hijo comete su primera travesura y es regañado por quienes lo trajeron al mundo. Duele cuando, al crecer, nos enamoramos de la que pensamos es la pareja que el destino nos colocó en la Tierra y al proponerle unión oímos ese adverbio a veces despreciado por el corazón: “no”. ¿Acaso no ha dolido cuando emprendemos una nueva aventura que decida nuestro futuro como cuando buscamos nuestro primer empleo y somos rechazados porque “no cumples con el perfil”? Y otra variante del dolor se presenta cuando maduros en el pensamiento observamos diariamente en la sociedad la injustica hacia nosotros o hacia un tercero producida por la negligencia de unos que se creen dueños del universo, de esos que al haber obstruido la educación del pueblo obtienen, a costa de engaños, beneficios que después quieren altruistamente impartir a todos, sabiendo, claro, que nunca lo harán. Duele, sí, y mucho, cuando vemos la primera partida de un familiar hacia ese mundo desconocido que al que lo llamamos “cielo” tratando así de hacer menos doloroso ese dolor. Es que parece, hermanos, que al nacer, también venimos con el dolor bajo el brazo.

Pero si analizamos y reflexionamos dicha palabra, debemos comprender que es primordial que sea derivada hacia el bien. Debemos saber que si existe el dolor en un evento es para generar un cambio beneficioso, una redención. El padre no se detendrá en el vacío y obtendrá un nuevo empleo. La madre cambiará ese llanto por una sonrisa al tener a su niño en brazos. El hijo comprenderá que el regaño es una lección de amor de sus progenitores. El enamorado comprenderá que el amor llega cuando uno menos lo espera, ¡y así siempre será! Quien busca un trabajo y es rechazado no debe pensar que “no cumplo con el perfil de ese empleo”, sino “el empleo no cumple con mi perfil”. El ciudadano sabrá que a pesar de la injusticia evidente en la sociedad y que, destroza sin remordimientos nuestras entrañas, siempre existe una gota de humanidad en cada llanto producido por cada uno de los que aún somos humanos y, este humano, sabrá comprender hidalga y filosóficamente que la muerte no es el término de la vida, sino complemento de esta. Entonces, podemos decir que, si traemos el dolor bajo el brazo, también llevamos amor, y en abundancia, en un espacio más lejano y etéreo de lo que el cuerpo puede sentir.

Si he generado estas grafías por una simple frase, pues, quiera Dios que pueda concebir más textos que sean de tu interés, estimado lector. Si esta primera vez ha dolido para crear un escrito, pues asumo que los posteriores serán menos tormentosos y más placenteros. Y si en el sexo existe dolor en el primer encuentro, pues seamos prudentes y hagámoslo con amor para obtener un fruto de esta conspiración de la carne, y ese fruto será, finalmente, así como lo espero de mi blog, una bendición.

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